Consejos para una exposición excelente

Consejos para una exposición excelente

Recibir buenos consejos puede marcar la diferencia entre una mala exposición y una exposición excelente. 

Hacer presentaciones en público, hablar frente a una audiencia o exponer frente a un tribunal, en la mayoría de los casos, puede llegar a ser una auténtica tortura para la persona que se enfrenta a ese proceso. Es una tarea intimídate y una fuente de ansiedad. Provoca nerviosismo y miedo a equivocarse o a no estar a la altura de las circunstancias.

Las dudas te asaltan, tu universo se desmorona y te replanteas tu propia existencia. Te asaltan las típicas dudas: Pero… ¿quién me manda a hacer esto? ¿Cómo voy a decir toda la programación? Los nervios no me van a dejar hablar, me voy a quedar en blanco…

¡No voy a ser capaz! ¡Tierra, trágame!

 

 

Para realizar una exposición excelente es necesario estar calmado, tener carisma, conocimiento sobre la materia, y destrezas comunicativas.  Para que todo funcione hay que mantener a raya a los nervios que se adueñan de tu estómago y de tu cabeza pero, ¿cómo lo hago?

Pues, querido opositor, lo primero que tienes que saber es que no existen las “baritas mágicas”, eso lo dejamos para el mundo de Harry Potter. Para tí  tenemos estos prácticos CONSEJOS que harán que brilles en tu exposición:

  1. Lo primero y primordial es ajustarse al tiempo del que disponemos. Por norma general son 30 minutos que no llegan a nada o que se nos pueden hacer interminables. Para ello, practica tus exposiciones con un reloj o cronómetro para controlarte a ti mismo.
  2. No empieces exponiendo la programación de “arriba a abajo”, comienza con metas más simples y fáciles, como la introducción, un punto determinado, la bibliografía y webgrafía, la conclusión, etc. Esto hará que no te frustres y que vayas cogiendo soltura poco a poco.
  3. Expón delante de personas de confianza, y si tienen experiencia en la materia, mejor. Los nervios no se eliminan por arte de magia, los nervios se pueden mantener a raya cuando controlas la situación y puedes prever cualquier imprevisto, y esto se hace PRACTICANDO.
  4. Elabora tu propia lista con expresiones que den riqueza léxica a tu discurso, utiliza expresiones “pegamento”, e incluso apréndete con fluidez párrafos completos como  la introducción o conclusión. Así no sonará como una serie de ideas sueltas, sino como un todo bien trabajado que tiene un sentido global.
  5. No esperes al último mes par hacer simulacros. Es imperativo que, desde el comienzo de tu preparación, elabores tu material y practiques la exposición de manera simultánea.
  6. Practica la exposición todas las semanas. No siempre podrás contar con amigos o familiares para que hagan de “tribunal improvisado”. En ese caso, practica delante de un espejo o incluso de tu perro (al final puedes darle una galleta).
  7. Utiliza los materiales y recursos que necesites al hacer simulacros para que tu exposición oral sea lo más lúcida y llamativa posible. ¡Aquí todo vale!  desde una pizarra de tiza bien usada, hasta las últimas tecnologías, recursos y programas, pero ten cuidado,  debe servirte como ayuda no como obstáculo para que tu exposición sobresalga sobre las demás. Para integrar tus recursos a tu exposición oral es imprescindible practicar con ellos con anterioridad para que los tengas ordenados, localizados, con el cable y bien cargados… así, el día de la exposición, no habrá ninguna sorpresa.
  8. Para terminar de brillar, trabaja tu oratoria y tu lenguaje no verbal. Desde cómo suena tu voz y qué transmites con ella hasta cómo vistes y cómo te mueves, todo está lanzando un mensaje continuo al tribunal. Puede que ni tú ni ellos seáis conscientes, pero esto determina en cierta medida la nota final que obtienes. Así que debes cuidar que tu discurso no suene monótono a través de tu voz, modulándola en tono, intensidad y ritmo. Además, debes transmitir pasión por la enseñanza (esto es fundamental) y un dominio absoluto de los contenidos.
  9. Y, por último, ¿cómo me visto para la ocasión? Esto es como cuando tenemos una primera cita, tenemos que ir arreglados y bien vestidos pero sin pasarnos para no parecer que vamos “de boda”. Lo más importante es sentirse cómodo y transmitir seguridad tanto con tu voz como con tu cuerpo.

 

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